27 de noviembre de 2016

Recordando en gerundio

Siempre en estado de espera...
como dice Extremoduro
así vive ella
que ni vive ni sueña
solo espera
y revive el pasado
una y otra vez
en su memoria.
Siempre esperando...
en gerundio
a que ocurra algo
y solo pasa el tiempo.
Sin darse cuenta
va perdiendo años,
años que no volverán,
porque pasan
te haces mayor
y ese tiempo
ya nunca vuelve.
El día de hoy es único
y únicamente
ella se limita
a perderlo,
no lo captura
solo vive del recuerdo.
Y hoy vuelve a ser ayer
y ayer fue
antes de ayer
y así todos los días.
Y nada pasa,
solo el minutero del reloj
que no se cansa de girar.
no es capaz de parar el tiempo
o acelerarlo
el ritmo de las horas
depende de ti,
y eso a ella la da igual.


16 de noviembre de 2016

Cien mil vueltas

Le daba vueltas a todo,
giraba sobre si misma 
y a todos conquistaba con el vuelo de su falda.
Le daba vueltas a todo,
se atormentaba a ella misma 
con sus propios pensamientos.
Le daba vueltas a todo,
se preocupaba más del resto
que de si misma.
Y más de una vez ha visto peligrar
su culo por salvar el del reto.
Le daba vueltas a todo,
y le daba cien mil vueltas 
a todas. 


13 de noviembre de 2016

Idiota

Te odio como nadie jamás ha sabido odiarte. Me encuentras las cosquillas donde nadie me las ha encontrado. Y acabamos tirados por el suelo de la habitación peleando a ver quien sufre más esa pelea de risas. Tú siempre acabas ganando, y yo soy la vencida que tiene que gritar ¡para para!, cuando en realidad no quiero que pares nunca porque me quiero quedar a vivir en esos momentos en los que el resto del mundo desaparece. Ese momento en el que mi vida cobra sentido, porque eres tú el que lo da. Luego están nuestras peleas de mordiscos, que terminan devorándonos como dos fieras carnívoras. También están nuestras peleas por la manta. Un tira y afloja que termina con una lluvia de cojines. Eres el idiota que da sentido a estas peleas absurdas. Peleas que amo. Eres el idiota de los idiotas. Mi idiota.

6 de noviembre de 2016

Monotonía

Pasaste factura,
te quedaste enredado en mi pelo.
Y puede sonar a locura,
pero yo aún no me creo que no estés.
Eras mi brújula,
mis puntos cardinales,
mi mapa del desierto de las ondas de tu pelo.
Mi polo opuesto que hacia que me mantuviera a flote.
Mi triste monotonía que era tan dulce como repetitiva.
Pero era mía, y eso no me lo quitaba nadie.
Parece mentira que tu ausencia duela tanto,
pero es así.
No se puede cambiar,
porque tampoco puedo decirte que vuelvas.
Porque volveríamos a caer juntos en nuestro bucle
que tanto nos costó salir de él.
Somos idiotas, pero no lo suficiente como para volver a caer en algo que tanto duele.