5 de febrero de 2017

Efecto Disney

Por más cuentos que le contaron de pequeña, con ella no pudieron. No, con ella no. Ella sabía que toda esa magia solo era parte del efecto Disney, y que la realidad era otra. Aunque en el fondo iba de dura, y soñaba con su cuento, pero a su manera. Ella no quería llegar a casa a las doce de la noche, quería salir de ella y no volver hasta las tantas sin antes no haber perdido la cabeza pero con los tacones puestos, para luego descalzarse y agitarlos para parar un taxi que le dejara en casa. Y que a la mañana siguiente de repente apareciera su príncipe y la despertara de la resaca con un beso como el de el príncipe de Blancanieves que consiga romper el hechizo de la séptima copa envenenada, aunque ella en el fondo quiera marcarse un bella durmiente y no despertarse hasta la hora de la siesta. Aunque de bella solo la quede el maquillaje esparcido por toda la cara. Pero es perfecta. Y quizás por eso no necesita ningún príncipe cargado de cuentos.

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